Boris Heinrich florece en la pasarela de NYFW
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El diseñador argentino de 27 años conquista la Gran Manzana para demostrarnos que la indumentaria puede ser el lienzo perfecto para los recuerdos. Heinrich nos sumerge en un homenaje íntimo a sus raíces familiares a través de la icónica “flor de pájaro”.

En la moda contemporánea, encontrar el equilibrio exacto entre la arquitectura visual y la sensibilidad emocional es un desafío reservado para pocos. Boris Heinrich, graduado en 2025 de la carrera de Diseño y Producción de Indumentaria, es uno de esos talentos. Con una visión multidisciplinaria que cruza la dirección artística, la fotografía y la performance, el creativo argentino concibe cada una de sus prendas como un fragmento vivo de identidad y memoria.
Su meteórico ascenso ya lo había llevado a pisar escenarios como la Global Fashion Gallery en Punta del Este y el Córdoba Fashion Week. Pero esta temporada, el salto fue internacional. Tuvimos el privilegio de presenciar su evolución en primera persona cuando desplegó su talento en la exigente jornada de desfiles de Runway 7, brillando en el mítico Sony Hall como parte del calendario oficial de la New York Fashion Week.
De "Dune" al jardín de sus abuelos
Para entender el presente de Heinrich y el impacto de lo que vimos en Nueva York, hay que mirar su punto de partida. Su primera colección, “Sihaya”, fue un viaje fascinante inspirado en la estética cinematográfica de Dune, donde logró fusionar una nobleza casi medieval con un imaginario de ciencia ficción futurista. Allí estableció su firma: un lenguaje visual depurado que se debate entre la nostalgia aristocrática y la sensualidad moderna.
Sin embargo, para esta nueva entrega que conquistó al público internacional, el diseñador decidió hacer un viaje mucho más íntimo. El punto de partida ya no es un planeta desértico, sino el jardín de la casa de sus abuelos.
La inspiración central es la flor de la planta strelitzia, popularmente conocida como “flor de pájaro”. Pero para Heinrich, esta elección va mucho más allá de las formas angulares y los colores vibrantes de la botánica. Esta flor es un símbolo inquebrantable de su historia personal: crecía en abundancia en el hogar de sus abuelos, y era la flor que su abuelo cosechaba y regalaba a las mujeres de la familia apenas florecía. Presente como centro de mesa en las celebraciones más importantes, la strelitzia se convirtió en la representación física del vínculo familiar que lo acompañó toda su vida.
La traducción del afecto a la Alta Costura
El gran triunfo de esta colección sobre la pasarela de Runway 7 radicó en cómo Heinrich logró traducir un recuerdo tan personal en piezas de una profundidad estética impecable. Fiel a su estilo de explorar los contrastes, la decadencia y la elegancia, la fragilidad y el poder, el concepto se materializó reinterpretando las formas y tonos de la flor.
La propuesta equilibra la fuerza de la presencia con la máxima delicadeza. Las estructuras rígidas y la experimentación textural se fusionan magistralmente con drapeados fluidos.
Hicieron su aparición telas vaporosas, translúcidas y de caída increíblemente suave, evocando la ligereza y el movimiento de la naturaleza bajo las luces del Sony Hall.

El resultado final es una colección que respira poesía pura. Boris Heinrich nos invitó a ingresar a un universo donde el amor, la fuerza de los lazos afectivos y la permanencia del tiempo se convierten en siluetas arquitectónicas. Una prueba irrefutable, confirmada en una de las capitales de la moda más importantes del mundo, de que cuando hay talento, la emoción siempre encuentra su forma.



















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