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El tejido de la memoria: Garcia Bello y la poética de la pausa

hace 5 horas
2 min de lectura

La primavera se asoma en nuestro hemisferio, y aunque la temporada de lluvias parece estar cubriendo nuestro país de gris, la colección de Garcia Bello abraza a este color y te invita a entenderlo y a entender a las prendas con ojos más amables.


Garcia Bello

La consumición de moda está atravesando una era sin precedentes, donde las prendas pierden su valor tras la primera puesta y los estilos cambian más rápido que los ritmos de producción, pareciendo que la búsqueda de innovación está por encima de cualquier apreciación del presente. En su colección de primavera-verano, Garcia Bello nos pide que paremos la rueda, nos sentemos por un minuto, y nos cuestionemos cuál es el vinculo real que tenemos con las prendas que vestimos.



La diseñadora Juliana Garcia Bello busca desafiar el vinculo entre el cuerpo y las prendas, entendiéndolas más allá de una perspectiva utilitaria como una materia prima, sino como una segunda piel que habita y representa tanto a quien la viste, como también quienes estuvieron antes de que llegara a nuestras manos.


Garcia Bello

Bajo una perspectiva de zero waste ("cero desperdicio"), los diseños se construyen como una perspectiva de circularidad que se convierte en una interacción entre lo que la prenda fue y lo que termina siendo, entendiendo el valor de aquellas personas que la habitaron, cuidaron y usaron en un inicio, y que decidieron que su destino seria transformarla para ser amada por alguien más.



Hay un eco innegable del fin del mundo en esta narrativa que amplía la mirada. Fotografiada por Mariana Pacho López bajo los vientos crudos de Bahía Cucharita en Tierra del Fuego, con Belén Rossib encarnando esta piel compartida, la campaña captura esa desolación hermosa y la convierte en refugio. A través de un patrón maestro que reconstruye las siluetas con la menor cantidad de cortes posible, la marca abraza la autenticidad de la prenda en sí misma.


La búsqueda creativa es el dialogo que se da entre las prendas, expresado a través de su superposición de capas, reflejando su pertenencia a lo que describen como "una misma familia textil". Así, los diseños se convierten en relatores visuales sobre el afecto, la convivencia y los vínculos cotidianos. En un sistema intoxicado por la inmediatez de la pantalla, vestirnos con la memoria viva es el máximo gesto de rebeldía. Un hilo suelto que, lejos de deshilachar la historia, nos termina tejiendo a todos.


Garcia Bello






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