MISS UNIVERSO BUENOS AIRES: la coronación de una nueva reina provincial
Asistimos a la final de Miss Universo Buenos Aires 2026, donde la coronación de Regina Schanzenbach se convirtió en una celebración de la evolución de los certámenes bonaerenses.

En mi llegada al backstage del Hotel Corregidor, ese limbo eléctrico donde el tul se mezcla con la laca, las planchitas de pelo humean y los nervios vibran en el aire, el compañerismo fue lo más destacble de la sala. Nada de Mean Girls, solo hermandad. Bernie Catoira, el histórico sastre de la imagen de figuras como Luisana Lopilato y flamante presentador de la velada, me lo confirmaba con los ojos muy abiertos: el aire estaba limpio. No había cristales rotos dentro de los zapatos de aguja; había un networking genuino, un "recompañerismo" donde las catorce candidatas se peinaban y contenían mutuamente. Este es el nuevo statement de los certámenes: la supervivencia ya no exige la destrucción de la otra.
La curaduría de la mujer integral
En el centro de esta metamorfosis gravitacional se erige Francy Lezcano. Directora provincial, formadora y una suerte de matriarca estética, Francy opera con la disciplina meticulosa de una curadora del MET y la contención afectiva de una "mamá gallina" (como lúcidamente la etiquetó Bernie en nuestra charla). Su savoir-faire no se agota en enseñar a pivotar sobre plataformas de doce centímetros; ella moldea oratoria, sensibilidad cultural y presencia escénica. Durante los casi dos meses de campamento, que incluyeron módulos virtuales, domingos intensivos y hasta unas Pascuas compartidas, el objetivo nunca fue fabricar maniquíes, sino voceras.

Hoy la ecuación rioplatense y global se ha invertido: no es la mujer la que debe encajar de forma agónica en el vestido, es el ready-to-wear el que debe rendirse ante la narrativa de quien lo porta. El peso visual de la pedrería, el azabache y las gasas asimétricas que vimos desfilar ya no funciona como una armadura para esconder vacíos intelectuales, sino como un manifiesto táctil. Cuando Regina Schanzenbach tomó la corona, envuelta en destellos que capturaban la luz blanca de los flashes, no vimos a una musa pasiva pidiendo permiso. Vimos a una embajadora consciente de su espacio. Su triunfo es el triunfo del effortless chic intelectual; la prueba viva de que la actitud devora a la genética.
El fin del canon y la Venus en movimiento
La plataforma de Miss Universo ha mutado orgánicamente de vitrina a trampolín corporativo. Como bien señalaba Lezcano, a partir de los 18 años el juego está abierto a todas: sin límites de edad máxima, sin cánones corporales restrictivos, siendo una respuesta urgente al agotamiento visual que nos produce la hiper-perfección digital y los filtros de Instagram. Buscamos piel, buscamos error, buscamos propósito.
Por un lado, tenemos la pesada herencia de un formato que históricamente cosificó; por el otro, la urgencia contemporánea de la mujer por tomar los micrófonos y liderar proyectos sociales. Esa es la tensión exquisita que se respiró en Buenos Aires. Ya no basta con ser "la chica linda de la provincia" que aspira a ser modelo; hoy estas mujeres son, en potencia, influencers de impacto, conductoras, políticas y empresarias.
"La oratoria y la cultura general no son accesorios de temporada; son el verdadero haute couture que viste a la mujer contemporánea".
La corona de Miss Universo Buenos Aires ya reposa sobre Regina, pero el mensaje nos interpela a todos. La belleza, cuando se convierte en un acto de empatía, talento y sororidad colectiva, resulta absolutamente imparable. Addio, viejos moldes. El renacimiento era esto. Los invitamos a todos a estar presentes en la gran final de Miss Universo Argentina que tomará lugar este 25 de mayo, para conocer a quién representará a nuestro país en la final internacional.



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