La paradoja de Carolyn Bessette: su influencia en las tendencias que jamás seguiría
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Analicemos el fenómeno viral del estilo de Carolyn Bessette, y cómo la elegancia auténtica no puede ser una tendencia replicable si imitamos a otro.

Si existe un década que funcionó como puente cultural en todos los aspectos son los 90s. Quizas influenciado por la carga social del cambio de milenio inminente, por la llegada de una globalización cada vez más extensa o la influencia emocional erradicada por los cambios socio-políticos y guerras que se extendieron en todo el mundo. Los noventa funcionaron como años de luz en donde la rebeldía ya no era obligatoria para aquellos jóvenes, ya que fue la primera generación en mucho tiempo que parecía poder convivir con el sistema que los envolvía.

Luego de generaciones de jóvenes en los años 50, 60, 70 y 80 en donde el estilo representaba la energía a través del color vibrante y exageración de siluetas (desde tiro altos hasta hombreras), los 90s llegaron a dar espacio a un estilo anteriormente considerado deprimente o aburrido, el cual será un punto de inflexión en la moda: el minimalismo. Un tendencia en la cual lo que prevalece son las técnicas limpias y textiles puros, pero con la partcularidad de evitar el ornamento o estampados que roben la atención, sino más bien mantenerse en los colores neutros y las líneas simples que entendían a la elegancia como sofisticación y sobriedad. Y una de las figuras claves que popularizó este estilo (sin quererlo) fue Carolyn Bessette, esposa del principe de Estados Unidos John F. Kennedy Jr.
Su estilo fue fuertemente influenciado por los años dentro de las oficinas de Calvin Klein en Nueva York, donde el minimalismo era preciado en cada minimo detalle, desde la ropa de los empleados hasta los pins negros que utilizaban en sus archivos. Calvin Klein fue la marca que más influyó en la moda de los noventa, siendo la primera marca en crear jeans pensados para la vestimenta elegante; lo que en un inicio fue creado por Levi´s como un símbolo del trabajador, transformado por los jóvenes en los 50 como un ejemplo de rebeldía, llegó a convertirse hasta nuestros días en una prenda básica necesaria para quienes deseen ser considerados "bien vestidos", y esta transición final la logró CK.

En este contexto, Carolyn encarnó el estilo de la década pero desde una perspectiva poco usual, ya que ella era auténtica con lo que vestía. Su elección de vestuario no dependía directamente de que fuera una tendencia, sino que ella se sentía cómoda con su elección de vestuario, adaptado a sus gustos y estilo de vida. Incluso cuando su vida dio un giro de fama repentino al hacer pública su relación con John F. Kennedy Jr, hijo del difunto presidente de Estados Unidos, mantuvo ese estilo personal sin dejarse influenciar por su nuevo entorno familiar, el cual, por ejemplo, preciaba por sobre todo los accesorios de perlas mientras Carolyn jamás utilizó ni aretes ni collares de ningún tipo.
La popularización actual del estilo de Carolyn se debe a la serie biográfica "Love Story" que retrata de manera ficcionada su historia de amor y de vida, con una reconstrucción bastante fiel a su estilo, utilizando las marcas reales y prendas vintage de su armario. Esta serie llega en un momento clave de las tendencias en las jovenes, las cuales parecían apuntar a una transición que buscaba la individualidad del estilo y alejarnos de las elecciones básicas que se plantearon los últimos años, como lo es el "clean look" o "pilates girly" las cuales no imponen ningún tipo de riesgo estético, sino parece ser una uniformidad de un elemento evidentemente preciado (que es ser una persona higienizada o ejercitada) llevandolo a una tendencia que parece englobar todo el estilo de vida de una joven: qué come, qué productos utiliza, qué actividades hace, cómo se viste.

Y por algún motivo muy interesante, quienes vieron a Carolyn en la serie apostaron a creer que porque ella vestía de manera minimalista (característica preciada por las "clean look") automáticamente se corrió un pensamiento popular de creer que Carolyn hubiera seguido todas las características de esta tendencia si ella fuera una joven en nuestros días. Lo interesante de este razonamiento es que justamente Carolyn era todo lo contrario a las tendencias actuales; ella fumaba, le gustaba salir de fiesta, tenía el cabello desarreglado, era rebelde. Su esencia y estilo personal eran muy propios, y si buscaramos imitarla jamás nos saldría, porque ella no seguía tendencias al píe de la letra, sino que se vestía con lo que le gustaba dentro de un contexto de tiempo y rutina determinada. Carolyn era, en esencia, la antítesis de la uniformidad higienizada que imponen las tendencias actuales.
El magnetismo de Carolyn Bessette no residía en la perfección de su peinado, que a menudo lucía despreocupadamente desarreglado, ni en una rutina de bienestar coreografiada, sino en su esencia indómita. Ella desafiaba las expectativas con una rebeldía silenciosa pero potente. Intentar imitarla siguiendo un manual de instrucciones es un ejercicio inútil, porque su elegancia nacía de la libertad, no del cumplimiento de una norma estética. Carolyn no era una seguidora de tendencias; ella era, simplemente, ella misma, recordándonos que el verdadero lujo es la autenticidad.









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