El regreso de Elle Woods: la rosada herenciaY2K
- hace 2 días
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La nueva serie Elle explora los años formativos de nuestra abogada californiana favorita, y nosotras analizamos por qué el regreso de este ícono es, en realidad, la estocada final contra el esnobismo intelectual que castiga a las mujeres por el simple hecho de disfrutar la belleza.

Aceptar mis gustos en el cine me llevó un amplio proceso de aceptación personal. Pasamos largos años de adolescencia bajo una tiranía intelectual donde parecía ser que nuestras preferencias por la comedia romántica, la clásica chick flick, eran sistemáticamente tachadas de infantiles, básicas y poco conocedoras de los verdaderos "buenos gustos" cinematográficos de autor. Intentamos, repetidas veces, ver películas que terminaban por aburrirnos solo para encajar.
Hoy, la noticia de este regreso aterriza con fuerza de reivindicación en la era del streaming, en el apogeo de las comfort movies. Aquellas películas que, como descubrí al crecer, otorgan una sensación de familiaridad y consuelo, con una suerte de previsibilidad donde los conflictos tienen solución y lo que preserva es ser buena persona ante todo. Son esos mensajes los que relajan mi mente cuando el mundo exterior se ve inevitablemente caótico.
La materialidad de la resistencia
Por mucho tiempo, ignoré a Legally Blonde porque consideraba que se trataría de la clásica rubia californiana con problemas superficiales. Y vaya que la película fue exactamente un golpe directo hacia esa mala concepción. Quien la haya visto no necesita de mis resúmenes, pero el verdadero peso de la obra se apoya en su desfachatez sensorial. Hablemos de contrastes: la textura del cuero vegano fucsia irrumpiendo en la madera caoba de los pasillos de Harvard; un currículum impreso en papel rosa perfumado frente a la aridez solemne de la tinta negra académica; el tintineo metálico de los charms en un bolso de diseñador marcando el paso hacia el estrado.
El contraste visual que, por más superficialidad que aperente mostrar, refleja el verdadero juego de roles a las que las mujeres nos vemos enfrentadas a crecer, pudiendo optar por dos caminos, como bien ejemplifican en el fin: ser una Jackie o ser una Marilyn.

Oponer a mujeres entre sí no es una novedad. De alguna manera, la sociedad considera que las personalidades de las mujeres existen si y solo si están en contraposición con otra, afirmando que una es más o es menos poseedora de cierta caracteristica. Acá entra el paralelismo entre las Marilyn (en el film, Elle Woods) y las Jackie (en el film, Vivian), separando a la mujer seductora, magnetica, y preocupada por la belleza, de la mujer inteligente, sobria y madre de hogar, como si estas dos personalidades fueran incompatibles para una misma mujer. Este prejuicioso bien reflejado en el film es una estigma y carga con la que muchas mujeres se han enfrentado en la ya tediosa busqueda de encontrarse a una misma; donde, por un lado, los hombres parecen esperar de nosotras una belleza, cuidado personal y actitud burbujeante para conocernos, pero una vez el vinculo evoluciona (si es que no nos cambian en el camino) pretenden convertirnos en una sombre que sostiene la imagen pulcra y pura de un hogar ejemplar.

La hermandad y la superficie profunda
Lo que me fascinó de la película es que todos los roles están invertidos. El amplio círculo de amigas de su fraternidad de moda, donde todas son glamurosas y adictas al gloss, resulta ser el ambiente que más apoya a Elle a cumplir sus sueños. Dinamitan desde adentro la arcaica suposición de creer que "el peor enemigo de una mujer es otra mujer". Es una hermandad pura qu recuerda de inmediato a esos vínculos de amigas que solo nosotras sabemos cuánto nos han acompañado a crecer. No hay competencia desleal; hay una red de contención inquebrantable frente al frío cinismo del Ivy League.
A su vez, me encanta ver cómo el mensaje jamás recae en cambiar a Elle Woods para ganarse el respeto de quienes la prejuzgan, sino en obligar a que el resto deje de verla a través de los estereotipos para lograr conocerla de verdad. Porque Elle siempre supo quién era, siempre supo que era capaz. Su autoestima y su savoir-faire se mantienen intactos; no tuvo que mimetizarse para agradar a nadie. La femineidad no es un obstáculo para lograr los objetivos ambiciosos en esferas tradicionales, sino un filtro impecable para exponer a los mediocres. El único desarrollo que atraviesa es entender que la persecución de su exnovio no era una necesidad vital; el romance es solo el catalizador (casi accidental) de su duelo de superación personal, no la búsqueda de un hombre cualquiera.
"La verdadera radicalidad de Woods no fue sobrevivir a Harvard, sino hacerlo sin pedir perdón por su paleta de colores."
Legally Blonde termina obligando al espectador a dejar ir sus propios prejuicios, pues quien la sabe ver se dará cuenta de cómo los estereotipos terminan por limitar nuestra visión. Y quizás al final entonces, mis gustos no estaban tan errados. Solo se orientaban a aquellos mensajes que, bajo un marco rosa y positivista, necesitaba descubrir. La estética, cuando es dueña de su propia narrativa, es el arma más letal de todas. Caso cerrado.
















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