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El "efforless chic" requiere de mucho esfuerzo

  • hace 11 minutos
  • 3 min de lectura

La tendencia que invade las redes que nos quiere hacer creer que sin entrenamiento, trabajo duro, sacrificio, y sin siquiera un rostro al que otorgarle algún tipo de humanidad ni esfuerzo para ser, efectivamente, tu supuesta "mejor versión". Analizamos por qué ser "naturalmente cool" es una paradoja y el trabajo más demandante del momento escondido detrás de una ilusión.

efforless chic

Desconozco cómo era el mundo hace veinte años. A veces me pregunto si los vínculos de antaño dependían tanto del escrutinio ajeno, o si el otro tenía el poder de encasillar nuestra identidad en una palabra inventada sumada a un core. Hoy, nuestra relación con el espejo está mediada por la categorización constante. Cada mañana despertamos con un nuevo nicho que busca empaquetar nuestra existencia: el pilates core, el study girl core, el business woman core.


Lo que en los años ochenta leíamos como la fitness mania y el power dressing (aquellas mujeres con hombreras afiladas que tomaban los espacios de la oficina y el gimnasio sudando ambición) ha mutado. Hoy regresan en forma de devotas del reformer y jóvenes CEO's que parecen, nuevamente, tener su vida bajo un control milimétrico. Sin embargo, a esta fórmula contemporánea se le ha inyectado un ingrediente silencioso y aterrador: el imperativo de la invisibilidad del trabajo. Sin sudor visible, solo perfección externa.


Bautizada como effortless chic, porque la terminología anglosajona es la lengua franca de nuestra ansiedad, esta estética describe a una mujer magnética, atrapante y supuestamente desprendida. Su mera existencia exige ser vista sin necesidad de ornamentos excesivos, cirugías plásticas evidentes o maquillajes asfixiantes. Llega para mirar por encima del hombro a aquella mujer que (disfrutándolo o no) busca reconocimiento estético a través de la modificación evidente. La effortless chic no compite; ella flota.


efforless chic

Pero acerquemos la lupa a esta supuesta desidia. El effortless se construye con telas planas impecables, algodones orgánicos que caen con precisión matemática, un reloj de pulsera heredado (o cazado en un anticuario europeo) y el peso metálico de una cámara analógica colgando del hombro. La textura pulida de su piel y la caída intencionalmente imperfecta de su pelo encarnan la tensión entre el purismo clásico y el voyeurismo digital. Se ve simple, sí. Pero como una bailarina principal en el escenario del Teatro Colón ejecutando un grand jeté; la gracia absoluta a los ojos del público requiere de décadas de disciplina, huesos rotos y ligamentos estirados en la oscuridad del ensayo.


Aquí yace la gran trampa de nuestro tiempo. En nuestro scroll nocturno, iluminadas por la luz azul, vemos a estas mujeres (usualmente altas, delgadas, adineradas) ostentando su apatía estética. Y nosotras caemos en el juego de los espejos. ¿Te acordás de la primera vez que intentaste recrear un look "despreocupado", irónicamente, preocupándote de que se vea como si no requiriera esfuerzo? Ese es el abismo del effortless.


efforless chic

Las referentes históricas de este desdén estilístico cuadran con una paradoja insalvable: idolatramos a Carolyn Bessette-Kennedy justamente porque ella no intentaba ser un ícono. Huyó de las tendencias y, al hacerlo, las esculpió en piedra. La tensión contemporánea es perversa: por un lado, el deseo voraz de imitar y pertenecer; por el otro, la regla inquebrantable de ocultar el esfuerzo. Si te descubren intentándolo, si se nota la intención de pertenecer a la tendencia, quedás automáticamente fuera del club. Ya no sos "naturalmente cool".


"El verdadero lujo contemporáneo no es poseer cosas; es poseer la ilusión de que esas cosas jamás nos quitaron el sueño."

Es cierto, las tendencias nacen de los verdaderos disruptores, de mentes despreocupadas que piensan fuera de la caja estética de su época. Eso es parte de la historia del ready-to-wear y del street style. Lo que resulta profundamente ruidoso es la maquinaria que busca convencer al consumidor masivo de que una estética tan laboriosa es, de hecho, un accidente genético o de clase. Nos piden construir carreras titánicas y cuerpos esculturales, pero nos obligan a esconder el cansancio, la dieta, las horas de trabajo, el ticket de compra el estrés y el sudor. El effortless chic requiere demasiado esfuerzo. Y francamente, ya deberíamos estar demasiado cansadas para seguir guardando el secreto.

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